ITINERARIO: ALEMANIA

ITINERARIO: ALEMANIA

EN AUTOCARAVANA, EN EL NORTE DE ALEMANIA, POR LOS SITIOS UNESCO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

Recorriendo los sitios, protegidos por la UNESCO, exploramos las tierras del norte de Alemania. Un viaje fascinante en autocaravana por ciudades y paisajes naturales únicos, para llegar hasta Holanda y Dinamarca.

Salimos de viaje en nuestra autocaravana con rumbo hacia Alemania, por las carreteras que nos llevarán hasta Holanda y Dinamarca. El norte de Alemania esconde bonitas sorpresas paisajistas y naturales y rincones imperdibles en ciudades, repletas de arte e historia. Te aconsejamos llevarte las bicis, porque tendrás numerosas ocasiones para usarlas en carriles para bicis muy largos y seguros también para los niños. Las localidades elegidas están indicadas por la Unesco, como sitios naturales y como ciudades históricas de la liga hanseática, entre las cuales Brema, Lubeca, Wismar y Stralsund.

BREMA

  

Brema es la capital del homónimo estado federado, el más pequeño de Alemania; un lugar cuajado de tradición e historia, abierto, acogedor y mundano, aunque también respetuoso de las tradiciones. Brema es una capital con una historia de más de 1.200 años, perfectamente reflejada en el extraordinario complejo barroco-renacentista de la Marktplatz, con el ayuntamiento, patrimonio de la humanidad de la Unesco, la estatua de Rolando, los palacios patricios y el “Schütting”. La ciudad hace todo lo posible para hacer sentir al visitante a gusto: dos mil clavos de latón y acero están dispuestos como señales de recorrido, para llevarte por la ciudad, desde la iglesia Liebfrauenkirche a la Böttcherstraße, que era, antiguamente, el callejón donde daban los talleres de los artesanos y, actualmente, un centro cultural y artístico de gran valor. Para conocer la auténtica Brema, hay que sentarse en sus famosos cafés y degustar el óptimo chocolate, los piscolabis a base de especialidades de mar o tomarse una cerveza. El ayuntamiento es uno de los edificios municipales más bellos de Alemania. Su fachada es el emblema del Renacimiento del Weser en las regiones alemanas del norte y constituye junto a Rolando, la «estatua de la libertad» el símbolo del orgullo de los ciudadanos de Brema y de su soberanía. En el interior del edificio municipal no hay que perderse la “Obere Rathaushalle”: una habitación suntuosa donde se exponen los modelos reconstruidos de los barcos usados durante los siglos XVI y XVIII, también de admirar la cercana Cámara dorada y sus decoraciones Jugendstil. Asimismo, resulta interesante la planta inferior, la bodega: prepárate para brindar porque es la enoteca más antigua de Alemania. La estatua de Rolando se admira en Markplatz, la Plaza del Mercado; con sus cinco metros y medio de altura es la escultura independiente más grande realizada en Alemania durante la Edad Media. Representa la libertad hanseática, aunque guarda una curiosidad: la distancia entre las rodillas corresponde a la antigua unidad de medida Bremer Elle. Es fácil imaginar cómo los comerciantes usaban la estatua para vender sus “metros” de tela al por menor. Si quieres sentirte un auténtico bremense, no te olvides tocar las rodillas puntiagudas antes de perderte por los callejones del casco histórico.... donde fueres haz lo que vieres. ¿Te acuerdas del cuento de los hermanos Grimm de los Músicos de Brema? A lomos de un burro, un perro, un gato y un gallo abandonan la granja para ir a Brema, la ciudad de la libertad, para convertirse en músicos. Así que no podrás dejar esta ciudad sin una foto de recuerdo con la estatua de los animales amontonados. Y luego, toca la pata del burro, trae buena suerte. Aunque los bremenses, grandes bromistas, dicen que si no puedes con las dos manos es simplemente un apretón de manos entre burros... Si no tienes prisa, disfruta también de lo que Brema ofrece como centro cultural: museos y galerías con obras de vanguardia. Por ejemplo, el Neues Museum Weserburg acoge la colección de arte moderno más grande de Alemania. El río Weser, gran atracción turística de la ciudad, se merece un apartado todo suyo. Ahí se levanta el complejo Weserburg, rodeado por las aguas del río Weser, que acoge el museo de arte moderno. El paseo junto al río de Brema, el Schlachte, ofrece jardines románticos y cervecerías al aire libre con vistas al río. Cerca del río, se pasea por el barrio característico de Schnoor con sus casas estrechas de fachadas entramadas y apiñadas. También éste es un lugar estupendo donde pararse para tomarse un café y curiosear por los numerosos talleres.

  

BREMERHAVEN Y WATTENMEER, HAMBURGO

  

Los barcos zarpaban de los muelles y quienes querían se aventuraban a cambiar vida, dejando atrás el pasado y navegando hacia una promesa americana. El final de estas historias es muy variado y, a veces, dramático. La ciudad es joven, su fundación se remonta a 1827. Aquí merece ser visitado el museo de la inmigración Deutsches Auswandererhaus, bellísimo y con instalaciones multimedia, que reviven los destinos de estos europeos en fuga. Ahora subiremos por la península más septentrional de Alemania, la que luego se convierte en Dinamarca, vamos a Wattenmeer, con un hábitat único por sus numerosas especies de flora y fauna. El lugar es de gran interés, abarca una superficie de diez mil kilómetros cuadrados y comprende los tres parques nacionales del Wattenmeer en Schleswig-Holstein, Baja Sajonia y Hamburgo y la reserva del Wattenmeer en los Países Bajos. Un paisaje inusitado nos hará topar con bancos enteros de conchas. Bancos de conchas, praderas de plantas acuáticas, convertidos en forraje para los animales y también pantanos salinos en la amplia región delante de los diques, en las islas y en las halligen se alternan con playas blancas y dunas naturales. Es el lugar elegido por millones de pájaros para realizar una parada reparadora durante sus migraciones. Desde el punto de vista geológico, el Wattenmeer es un paisaje muy joven, no tiene más de diez mil años y es inestable, al modelarse con el viento y la sucesión de las mareas que cada seis meses repiten su milagro. Con la marea baja, es posible aventurarse por el Watt o llegar a las islas o a las halligen partiendo de tierra firme. En algunos periodos del año, no es difícil ver focas descansando al sol en un banco de arena.

 

Hamburgo es una capital sorprendente, una metrópolis recorrida por miles de caras de todo el mundo. Pero es también la Alemania del puerto, la salida del continente hacia el Atlántico. Darse una vuelta por el puerto de Hamburgo es una experiencia sin iguales. Claramente no solamente andando: se puede dar una vuelta en barco, una auténtica visita guiada sorteando gigantescos portacontenedores y transatlánticos mastodónticos, pero también entre lanchas lujosas y muchos barcos de vela de la Hamburgo importante y con una auténtica pasión por la navegación. Los habitantes de Hamburgo nutren una gran relación con el puerto: cuando el transatlántico Queen Mary 2 entra en el puerto, miles de visitantes le dan la bienvenida a lo largo del Elba y, no es raro, que acompañen el saludo con fuegos artificiales. La visita sigue por el casco histórico, antes centro de los intercambios comerciales de mercancías, que llegaban por el mar del Nuevo Mundo. Otro lugar simbólico es el Speicherstadt, arqueología espectacular industrial del complejo de almacenes más grande del mundo. El estilo es el de las construcciones edificadas con ladrillos rojos vistos algo ennegrecidos por el tiempo y todo se apoya sobre miles de postes de roble y lo cruzan pequeños canales, los Fleeten. Sin embargo, el rostro nuevo del puerto es HafenCity. El barrio Übersee ha visto nacer uno de los mayores proyectos de desarrollo interurbano en Europa, que destaca el contraste entre la tradición de la navegación marítima y la arquitectura moderna. Para disfrutar de un espléndido panorama de la actividad marítima de la ciudad, se puede visitar el punto panorámico del Cruise Center, caminar por las orillas del Elba donde se asoman casas imponentes y restaurantes. El edificio futurista Dockland, un complejo de oficinas, que se levanta a 40 metros de altura sobre el Elba, tiene una terraza panorámica accesible al público para disfrutar de vistas impresionantes.

  

STRALSUND Y WISMAR

  

Son cascos históricos, que entusiasman a los visitantes, caracterizados por plantas medievales originales, los edificios del gótico de ladrillos son elementos arquitectónicos típicos de una vasta área geográfica báltica. Las seis iglesias parroquiales de ladrillos construidas en Stralsund y Wismar, en la costa de Mecklemburgo-Pomerania, ofrecen un panorama representativo de la arquitectura sacra gótica de finales de la Edad Media. Una exposición permanente en la iglesia de Santa María en Wismar ilustra las técnicas de la construcción gótica de ladrillos y de la artesanía medieval. Wismar, por sus dimensiones y su carácter compacto, es la ciudad que ha conservado mejor su antiguo aspecto y, al igual que Stralsund, conquista a los visitantes con la magia de sus mesones típicos en el puerto y sus rincones fascinantes. Asimismo, el puerto histórico de Wismar regala una imagen auténtica de la potencia de este centro y “Alter Schwede”, la casa burguesa más antigua de la ciudad que, actualmente, acoge el restaurante homónimo, es un símbolo claro del bienestar y de la creatividad de sus ciudadanos. Este edificio recuerda también que Suecia reinó en ambas ciudades en los siglos XVII y XVIII. A dicho periodo, se remontan algunas construcciones barrocas espléndidas, tales como el astillero de Wismar o el palacio del gobierno sueco en Stralsund. En las islas del puerto de Stralsund te espera el Ozeanum museo, donde podrás emprender un viaje mágico por el mundo submarino del Mar Báltico, del Mar del Norte, del Océano Atlántico y del Mar Glacial Ártico. Con su arquitectura moderna, el edificio crea un contraste fascinante con la belleza medieval de la ciudad.

  

ROSTOCK, LUBECA

  

Sin lugar a dudas, los tiempos han cambiado y aquí, en los muelles, la multitud es más de turistas que de marineros recién desembarcados; al igual que sucede con los estibadores que, actualmente, conducen grúas complejas robotizadas sin subirse y bajarse de las pasarelas llevando el clásico gorro de lana y el petate de yute colgado del hombro. Sin embargo, el puerto sigue imprimiendo una atmósfera irresistible a la ciudad. Aquí se organizan eventos importantes, tales como el festival Hanse Sail, que en agosto, anualmente, atrae a centenares de barcos de vela y a un millón de visitantes. El centro se caracteriza por edificios típicos de ladrillos rojos y por las fortificaciones ciudadanas. En el interior de las murallas, encontramos tres de las cuatro iglesias monumentales, construidas a lo largo de la historia de la ciudad. La más grande es la iglesia gótica Marienkirche, mientras que St. Petri se levanta en la plaza Alter Markt. Desde su campanario, se disfruta de un panorama estupendo de la ciudad y del Mar Báltico. Otros lugares de interés son el ayuntamiento gótico, el edificio gótico tardío Hausbaumhaus y el palacio neogótico Ständehaus. Un símbolo muy amado de la ciudad es el antiguo faro de Warnemünde, que merece una excursión. La antigua estación balnearia de Warnemünde, con las bonitas casas de colores de los pescadores, es un lugar tranquilo por donde pasear y perderse en la belleza del panorama. Tiendas pequeñas, cafés y restaurantes donde pararse y el paseo marítimo Alter Strom, con los buques y los barcos de los pescadores, que ondean tranquilamente, difunde todo el romanticismo de los sitios de mar. Algunos ejemplos de la arquitectura del periodo de la República Democrática Alemana (esta ciudad formaba parte de la Alemania Oriental) son interesantes, tales como la ampliación de la calle Lange Straße, o los edificios experimentales Hyparschalen, creados entre 1966 y 1972, que siguen siendo únicos en su género. Entre los más conocidos, recordamos el “Teepott” en Warnemünde, el edificio comercial Kosmos en la zona sur de la ciudad y el espacio multiuso en el barrio de Lütten Klein que, actualmente, es un centro comercial. Los amantes de las compras no pueden perderse las plazas Doberaner Platz, Neuer Markt y Universitätsplatz; el puerto y la calle de las tiendas Kröpeliner Straße son las zonas peatonales de la ciudad. Si quieres probar las especialidades del lugar, elige un restaurante en el barrio de Kröpeliner-Tor-Vorstadt para degustar platos exquisitos con una buena cerveza.

 

Es la reina indiscutible de la liga hanseática, que fue fundada en 1143 como la primera “ciudad occidental a orillas del Mar Báltico” y fue un modelo para todos los miembros de la liga en el área del Mar Báltico. El casco histórico medieval es uno de los testimonios más significativos del periodo del gótico de ladrillos y nos recuerda el pasado mítico de la ciudad como uno de los primeros centros del comercio mundial. No es casual que el casco antiguo de la ciudad de Lubeca, declarado patrimonio de la humanidad en 1987 represente en la Europa del norte el primer caso de casco histórico entero reconocido por la Unesco. Desde la Edad Media, siete campanarios recortan el perfil de esta ciudad rodeada por el agua. Durante siglos, fue símbolo de libertad, justicia y bienestar. Todavía, los edificios del periodo gótico, renacentista, barroco y del clasicismo, las calles y las iglesias, las casas burguesas, los patios de los artesanos y las defensas de la ciudad nos siguen recordando el periodo de máximo esplendor de Lubeca. El centro comprende el barrio alrededor del ayuntamiento, el monasterio del castillo, las imponentes casas burguesas entre la iglesia de San Pedro y la catedral, los almacenes de sal en el río Trave y la puerta Holstentor, símbolo de la ciudad y del museo interactivo. En una visita completa de la ciudad, no pueden faltar una vuelta del puerto en barco y una visita de los edificios dedicados a los tres premios Nobel de Lubeca, o sea Thomas Mann, Willy Brandt y Günter Grass. Lubeca es una ciudad viva también al atardecer cuando se encienden los rótulos de los numerosos locales, restaurantes, bares, clubes y discotecas. Una de las especialidades culinarias es el mazapán de Lubeca: el buque insignia de la ciudad desde siglos.

  

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