Bolsena

A ORILLAS DEL LAGO BOLSENA.

Italia – Lacio

 

En autocaravana, descubriendo las perlas de un paraíso italiano.

Ciudades y pueblos para empaparse de historia, arte y gastronomía: a orillas del lago Bolsena, en la provincia de Viterbo, se extiende un pequeño paraíso que invita a un turismo lento y de calidad.


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Con su antiguo encanto, la más grande cuenca volcánica de Europa ha seducido siempre a los viajeros. Como páginas de un libro, los pintorescos pueblos a orillas del lago permiten descubrir, a cada paso, acontecimientos, anécdotas y leyendas que han marcado la historia de esta zona del Lacio. Aquí, la naturaleza es para vivirla practicando actividades al aire libre o disfrutando de momentos de relax absoluto. La manera más simple de hacerlo es seguir su orilla e ir explorando, uno a uno, sus pueblos, pequeñas perlas que el compositor francés Hector Berlioz definió como “un delicioso edén”.

Bolsena

  

El pueblo que da nombre al lago surgió sobre los restos de la localidad etrusca de Volsinii, de la cual aún es posible admirar las imponentes murallas, que, después, pasó a ser un municipio romano gracias a su posición estratégica en la Vía Cassia. El pequeño puerto de Bolsena, gracioso y animado, es el lugar ideal para disfrutar de una pausa tras visitar el pueblo, dominado por la fortaleza Monaldeschi della Cervara de 1295, época en la cual, bajo el dominio de Orvieto, se construyeron varias fortalezas alrededor del lago. Subiendo hacia la fortaleza se puede admirar el casco antiguo, muy bien conservado, gozar de unas hermosas vistas del lago y darse una vuelta por las tiendas artesanas. Para saber más sobre la historia del pueblo, nada mejor que una visita al museo ubicado en la antigua fortaleza. Recorriendo las diferentes secciones, emprenderás un fascinante viaje por el tiempo, desde la formación del territorio hasta el esplendor de la época etrusco-romana, pasando por los primeros asentamientos humanos de la protohistoria. También hay toda una sección dedicada a la biología lacustre con diferentes acuarios que reproducen los diferentes ambientes del lago y permiten descubrir las especies más importantes de peces y anfibios.

La basílica de Santa Cristina es un lugar impresionante del cual se cuentan antiguos historias llenas de misticismo. Está formada por tres iglesias unidas entre sí, construidas sobre la antigua necrópolis donde fue sepultada la patrona de la ciudad. De diferentes épocas y con estilos arquitectónicos distintos, hoy forman uno de los complejos religiosos más interesantes del alto Lacio. El interior de tres naves alberga preciosos bajorrelieves, pinturas y esculturas, además de objetos paganos y paleocristianos hallados durante las diferentes intervenciones de restauración. En la capilla del Milagro, protegidas en una teca, las losas del antiguo altar manchadas con sangre son el testimonio del milagro eucarístico de 1263 que hizo Bolsena famosa en todo el mundo. La tradición narra que un sacerdote dudaba sobre la verdad de la transustanciación, es decir, sobre la presencia de Cristo en el pan y en el vino consagrados. Durante la celebración de la misa, las hostias sangraron y dejaron manchas indelebles sobre las losas y salpicaron el corporal, que se trasladó a Orvieto donde, en 1290, por decisión del papa Nicolás IV se construyó la espléndida catedral para albergarlo.

Otra historia muy arraigada a la tradición de Bolsena concierne a santa Cristina, una de las figuras más importantes de la hagiografía cristiana: martirizada por su padre Urbano, porque no adoraba a los dioses paganos, tras horribles torturas de las cuales salía milagrosamente ilesa, finalmente murió atravesada por una flecha. Sus reliquias se conservan dentro de la basílica, en la cueva de Santa Cristina, desde la cual se accede a las sugestivas catacumbas paleocristianas, lugar original de su sepultura, descubierto en la campaña de excavaciones de 1880. En recuerdo de su martirio, la noche del 23 de julio se celebra la fiesta de los misterios de santa Cristina.

 

   

Montefiascone

     

Desde lo alto de la antigua fortaleza de los Papas, construida por Inocencio III, Montefiascone ofrece uno de los panoramas más hermosos del lago y de Tuscia. Desde sus jardines, en una posición privilegiada, es posible admirar la maravillosa cúpula de la catedral de Santa Margarita, tercera por tamaño tras la de San Pedro de Roma y la de Santa María del Fiore de Florencia. También merece una visita la antigua basílica de San Flaviano, etapa obligatoria en los peregrinajes a lo largo de la Vía Francígena. Durante el siglo XII, esta localidad fue uno de los centros de control del territorio más organizados y eficientes de los Estados Pontificios y, en el siglo XV, con el cardenal Marco Antonio Barbarigo, uno de los polos culturales más importantes de Italia.

 

  

La pequeña Venecia del lago: Marta

   

Uno de los centros más sugestivos de toda esta zona es Marta y su casco antiguo que, rodeado por antiguas murallas de defensa, aún conserva el encanto de antaño con sus callejuelas silenciosas, arcos, escalinatas y angostos pasajes.

El pueblo está dominado por la Torre del Reloj – lo único que queda de la antigua fortaleza edificada en 1260 por el papa Urbano IV – y su centro neurálgico es la plaza Umberto I, donde se alza el ayuntamiento y los palacios Tarquini Savelli y Sforza Ciotti con el escudo de los Farnesio en el portal, que recuerda la estrecha relación del pueblo con esta importante casa que dominaba la región en el siglo XV. Muy cerca se encuentra la iglesia del Santísimo Crucifijo del siglo XVI: en su interior se conservan los restos de un interesante y originalmente amplio ciclo de frescos sobre el Juicio Final que data del mismo siglo.

Pero quizás el lugar donde respirar una atmósfera más sugestiva de Marta es el barrio de los pescadores, pues la pesca es una de las actividades sobre la cual se ha basado la economía local desde hace siglos. Testimonio de ello son las redes apiladas y las embarcaciones de colores – con una característica forma triangular y fondo plano, de origen etrusco – que sirven de marco inigualable al lago y a sus islas. En 1929 se construyó un muro de protección con terraplén, para evitar que durante los días de fuerte tramontana el agua llegara hasta las casas, obligando a los habitantes a desplazarse en barca; por este motivo, en el pasado la localidad era conocida como la pequeña Venecia del lago.

   

Capodimonte, favorita de los Farnesio

   

En el extremo suroccidental del lago surge la localidad de Capodimonte, también dominada por una antigua fortaleza: la fortaleza Farnese del siglo XIV, proyectada por el arquitecto Antonio da Sangallo el Joven. El imponente edificio de planta octagonal se convirtió muy pronto en la residencia preferida por los Farnesio para albergar artistas, pontífices y soberanos, lo que convirtió a Capodimonte en un importante centro político.

Aquí, vale la pena visitar la iglesia de Santa María Asunta, decorada con maravillosos estucos y un arco atribuido al arquitecto Vignola, y el Palacio Borghese – residencia veraniega del príncipe Marcantonio Borghese –, actualmente sede del ayuntamiento.

De las dos antiguas puertas de acceso a la plaza de la Rocca, hoy solo queda la pequeña y sugestiva Porticella, que enmarca el monte Bisenzo, donde surgía la etrusca localidad de Vesentium, citada por Plinio el Viejo como una de las ciudades más importantes y florecientes de la Etruria del sur. En la cima del monte Bisenzo, al que se llega con un corto y fácil paseo desde la carretera que bordea el lago (aunque es difícil encontrar un lugar adecuado para aparcar la autocaravana), un sendero conduce a uno de los columbarios etruscos más hermosos descubiertos hasta ahora.

También merece una visita el Museo de la Navegación de las Aguas Internas de Capodimonte donde se expone una canoa prehistórica descubierta en 1989 en la isla Bisentina y se ilustra la historia de las embarcaciones tradicionales de la Italia central. Ahora, solo nos falta ir al puerto de Capodimonte, punto de partida para las excursiones en barca hacia las islas Martana y Bisentina. Dos destinos a los que, durante el verano, si uno es amante del deporte, es posible llegar en kayak: el recorrido de ida y vuelta a Capodimonte, isla Martana e isla Bisentina es de aproximadamente trece kilómetros.

    

Martana y Bisentina, las islas de las leyendas

   

En la isla Martana, de claro origen volcánico, surgen las ruinas del antiguo monasterio de San Esteban. Su aspecto rudo y selvático le confiere un encanto particular, acentuado por las muchas leyendas nacidas a partir de los hechos históricos que ocurrieron en la isla. Es aquí donde se martirizó a santa Cristina y donde su cuerpo fue enterrado tras traerlo de las catacumbas de Bolsena por temor a las incursiones de los visigodos y de los longobardos.

Quien se encargó de devolverlo a la tierra firme, hacia el año mil, fue Matilde de Canossa, que para conservar las sagradas reliquias mandó edificar la basílica dedicada a la santa. También Amalasunta, la culta e iluminada reina de los godos e hija del rey Teodorico, fue asesinada en esta isla por mano de su marido Teodato, que la tenía prisionera. Muchas son las historias de fantasmas y de misterios que habrían sucedido aquí, pero solo una estaría basada en un hecho real: el supuesto túnel subterráneo que habría recorrido Amalasunta para ir de la isla a la orilla meridional del lago en realidad sería una antigua carretera que unía la isla con la tierra firme cuando el nivel de las aguas era más bajo. Una confirmación fruto de las recientes exploraciones subacuáticas.

 

   

La isla Bisentina

   

Se dice que este lugar albergaría el paso hasta Agartha, un reino poblado por una civilización antigua y evolucionada, situado en el centro de la tierra; en realidad, la isla, poblada desde la edad etrusca, se presenta con un ambiente exuberante y verde, donde sobresalen sugestivos restos de diferentes iglesias, algunas en muy mal estado.

Entre ellas, cabe recordar la espléndida iglesia de los Santos Jaime y Cristóbal, cuya cúpula del arquitecto Vignola se puede ver perfectamente desde el lago cuando se navega en barca, y la iglesia de Santa Catalina, llamada la Rocchina por su similitud con la fortaleza de Capodimonte, ambas realizadas por el mismo arquitecto.

Naturalmente, la vuelta al lago de Bolsena no sería completa sin realizar una parada en uno de sus restaurantes para saborear el óptimo farro, exquisito en salsa martana.

Otro pequeño tesoro de estas aguas que despertará las ganas de volver a este rincón del paraíso.

 

DÓNDE ESTACIONAR LA AUTOCARAVANA

En los alrededores del lago de Bolsena hay numerosas posibilidades de estacionamiento:

 

Bolsena

Área de estacionamiento Guadetto (Via della Chiusa, tel. 0761 798972 o 328 2790397), en la orilla del lago, a algunos centenares de metros del centro.

Lido Camping Village (Via Cassia km 111, tel. 0761 799258, www.lidocampingvillage.it, abierto del 23 de abril al 30 de septiembre).

 

Montefiascone

Área equipada Cantina Sociale de Montefiascone (Via dei Grilli 2, tel. 0761 826148 o 327 8618533, www.cantinamontefiascone.it). Abierta todo el año las 24 horas del día, entrada gratuita. Iluminada y dotada con agua, conexión eléctrica y descarga de aguas residuales, se accede directamente desde la Vía Cassia y está situada a solo quinientos metros del casco antiguo.

 

Marta

Área de estacionamiento Kornos (tel. 320 0762580 o 328 5712561), a orillas del lago entre Marta y Montefiascone. La carretera de acceso es estrecha en algunos puntos y no está asfaltada.

 

Capodimonte

Área de estacionamiento Da Enzo, localidad Pajeto (a dos kilómetros de la población, viniendo de Viterbo), tel. 0761 871359 o 339 6454920.

Camping Perla del Lago (Viale Regina Margherita, tel. y fax 0761 873128, perladellago.it)

Agricampeggio Lagovillage (Viale Regina Margherita, tel. 340 2268646, www.lagovillage.it)

 
 
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