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VIAJAR EN AUTOCARAVANA
Europa en autocaravana.

“Septiembre en Provenza”.

Una ruta por una tierra plagada de lugares por explorar: pequeños pueblos pintorescos, campos infinitos de lavanda, lagos, ríos, montañas sorprendentes... Aquí la naturaleza es la protagonista indiscutible.

Viajar a Provenza es una de las experiencias más agradables para quienes aman descubrir los pueblos del mediterráneo en autocaravana. De primavera a otoño, esta tierra regala tal profusión de colores, perfumes y atmósferas pintorescas que harán el viaje inolvidable.
Las típicas casas provenzales encaramadas en las colinas, los postigos de colores, los jardines y las flores que las decoran hacen que merezca la pena visitar hasta el pueblo más pequeño. Los paisajes naturales, entre ríos, montes y lagos son espectaculares y no es difícil entender porqué los turistas y los artistas aman esta región. Si en el pasado fue lugar de inspiración para los pintores impresionistas, en la actualidad Provenza es fuente de inspiración para todos nosotros.

Del azul al verde.

Pasando por la Costa Azul.

Nuestro recorrido se inicia en el mar, en Ventimiglia, donde abandonamos la autopista para disfrutar del litoral. Recorremos la carretera de impresionantes paisajes que atraviesa Menton, Beausoleil (con su magnífica vista de Mónaco), Èze, Villefranche-sur-Mer y Niza para llegar a las puertas de Provenza: estamos hablando de Grasse.
Es el momento de subir a pie las cuestas de este pueblo. El centro histórico es muy pequeño pero muy importante porque es el corazón de la mejor industria francesa e internacional del perfume. Grasse es conocida como la capital de la perfumería. De hecho, entre las perfumerías que plagan el centro destacan algunas antiguas fábricas de perfumes abiertas al público con visitas guiadas. Un descanso realmente apasionante para quienes aman las fragancias.
Seguimos nuestro viaje hacia el norte, dirección Castellane, hasta llegar a las famosas Gorges du Verdon (las Gargantas del Verdon). Castellane es un lugar ideal para establecer la base porque ofrece un gran número de campings y áreas de descanso. Además, los árboles y la frondosa vegetación garantizan frescas zonas de sombra. El centro de Castellane, con la iglesia de Notre Dame du Roc sobre la cima de la roca en la entrada del pueblo, es la típica aldea provenzal donde resulta maravilloso perderse por sus estrechas calles admirando las casas y las tiendas que venden miles lavanda de todo tipo (durante todo nuestro viaje será el olfato el que nos guíe, ¡naturalmente!).
Para llegar a las Gorges du Verdon seguimos la D952, estrecha y tortuosa en algunos tramos pero fácil de recorrer en autocaravana si se conduce con prudencia. A lo largo de la carretera hay muchas zonas de estacionamiento para detenerse y admirar el increíble panorama que ofrecen las gargantas.
Ante nuestros ojos se abre un verdadero espectáculo de la naturaleza: el Gran Cañón francés se destaca imponente y abrupto sobre las aguas color esmeralda del río Verdon. Con el paso de los años, el Verdon ha creado brechas de tal profundidad que hacen marearse incluso a quienes no sufren de vértigo.
En algunos de los puntos panorámicos indicados, es posible aparcar la autocaravana y seguir a pie los senderos que conducen a los miradores.
A largo del río Verdon se puede practicar rafting y barranquismo, o simplemente dar una vuelta en hidropedal en el lago de St. Croix.

El Lago de Sainte Croix

Aguas claras, frescas y dulces

Iniciamos el descenso hasta llegar al lago de Sainte Croix, la gran cuenca artificial donde desemboca el río Verdon y que ofrece algunas zonas de baño. En ellas podemos alquilar un hidropedal y refrescarnos o ir de excursión siguiendo el curso ascendente del Verdon.
Próxima etapa: Moustier Sainte Marie.
A los pies de este encantador pueblecito encontramos un área para autocaravanas . El lugar, señalado en las guías francesas como uno de los pueblos más bonitos de Francia, es digno de visitar por sus sugestivos escorzos. El pueblo, atravesado por un arroyo, está enclavado entre dos rocas. El paseo hasta la iglesia de Notre-Dame de Beauvoire es maravilloso y ofrece la ocasión de disfrutar de un fantástico panorama. Moustier St Marie también es famosa por su estrella de oro, suspendida entre las cimas de dos montañas como si volara en el cielo. El viernes por la mañana se celebra un mercado típico provenzal y, para que tanto los más grandes como los más pequeños puedan degustar un apetitoso tentempié, no hay nada mejor que una buena crepe.

Hacia el parque del Lubéron.

Paisajes que se tiñen de lavanda

Seguimos hacia la meseta de Valensole, uno de los lugares más importantes para el cultivo de lavanda. El pueblo de Valensole se encuentra sobre la meseta del mismo nombre en el corazón de Provenza y del Parque Regional del Verdon y domina el Vallée du Soleil desde donde es posible admirar una espléndida vista sobre los campos de lavanda, cereales y almendros. La recolección de las flores comienza a mediados de julio y dura aproximadamente tres semanas. En muchos pueblos, desfilan por las calles carros decorados que saturan el aire con el perfume de lavanda y los productores exponen sus productos artesanales: miel, aceites esenciales, aguas de colonia, jabones...
Las destilerías también organizan un gran número de visitas.
Nuestro viaje prosigue por el Parque Regional del Lubéron. Entre paisajes de belleza única destacan las aldeas de Lacoste, con los restos del antiguo castillo del Marqués de Sade, Gordes, la abadía de Senanque, Roussillon y Fontaine-de-Vaucluse. Todas ellas metas de gran interés que se pueden visitar en función del tiempo disponible y la curiosidad personal. Entre estos pueblos, destacamos Roussillon y Rustrel por los escenarios de colores maravillosos: los matices de los pueblos cambian de amarillo pálido a rojo vivo pasando por todas las tonalidades de naranja y ocre.

Bellezas ocre.

El Colorado Provenzal

Roussillon es considerado uno de los pueblos más bonitos de Francia y atrae a miles de visitantes, sobre todo por sus minas abandonadas de ocre. A lo largo del sendero entre las cárcavas se narra la historia y el uso del ocre.
La cálida tonalidad de la tierra es el resultado de la alteración de una roca sedimentaria marina de mediados del cretácico. Originariamente era de color verde y cubría el fondo del Lubéron que en aquella época se encontraba sumergido por el mar. Cuando las aguas se retiraron, el color verde cambió a rojo y ocre debido a las lluvias y la cristalización de varios minerales.
A finales del siglo XVIII, el hombre empezó a extraer el mineral y a trabajarlo, excavando cuencas de decantación y conciéndolo en hornos para obtener distintos tonos de ocre. Ello dio lugar al desarrollo de una actividad de exportación a muchas partes del mundo. Mathieu es una de las antiguas fábricas de ocre que se pueden visitar en Rousillon.
Rustrel representa la meta más salvaje de la zona, aún más que las cárcavas de Roussillon, y por ello es conocido como el “Colorado Provenzal”. Desde aquí, siguiendo itinerarios para excursionistas de media hora más o menos, terminamos nuestro viaje. Admiremos un poco más el atractivo y la belleza de este paisaje que, entre cárcavas, salientes y colores encantadores, se abre generoso y magnífico bajo el profundo azul del cielo.